Que es cierto que parte de culpa de esta brecha tan grande entre la ciencia y la educación es del Gobierno y del Ministerio de Educación que cada vez, por recortes presupuestarios u algunos otros motivos, quita horas dedicadas a la enseñanza de las ciencias de los planes curriculares.
Que los científicos peruanos hemos hecho poco por acercarnos a la sociedad, y sobre todo, a la educación básica, también es muy cierto. Parte es nuestra culpa que nuestros jóvenes poco sepan de nuestra existencia. Pero eso es algo en lo que ya hemos empezado a trabajar, acortar la brecha existente entre la ciencia y la educación peruana.
La noche previa al 18 de abril, Karim Salazar no terminaba de decidir qué diapositivas utilizar para su presentación, sabía que se enfrentaba a un público muy difícil y sobre todo, que tenía mucha expectativa sobre su visita."Quería que fuera lo más entendible para los chicos, pero sin dejar de explicar los principios en los que se basa mi investigación", comenta. Ella fue la primera que levantó virtualmente la mano a una convocatoria mediante Facebook para iniciar una nueva aventura de un grupo de jóvenes científicos peruanos, la de llevar la ciencia a los colegios.
El día llegó y allí estaba Karim, nerviosa por ser la primera vez que tomaba contacto con escolares, pero llena de energías y ganas de enamorarlos con la nanotecnología, su tema de especialización durante su estancia en la Universidad de Texas. Y al parecer, no sólo logró captar la atención de estos entusiasmados jóvenes, sino también la de 4 o 5 profesores que la escuchaban con atención desde la puerta, pero que no se animaban a ingresar, ya sea por no interrumpir o porque quizá estaban robando minutos a sus propias clases.
Luego de la charla, aquellos curiosos profesores junto a Rosa Toro, la profesora quién fue el contacto entre el colegio y el grupo de jóvenes científicos, invitaron a Karim a un almuerzo en la cafetería del colegio. Ya más en confianza, a nivel de colegas y fuera de los oídos de los alumnos, comentaron que siempre buscan seguir aprendiendo y que les gustaría tener más contacto con los investigadores peruanos.
"Personalmente pienso que este acercamiento de la investigación a ellos (los profesores) los vuelve a enamorar, los vuelve a contactar con el amor a aprender, que naturalmente y sin que se los impongan se refleja y se plasma en los alumnos ...... Ha sido una bonita experiencia, estoy segura que no será la única vez, de hecho que no" puntualiza Karim.
El grupo de Jóvenes Científicos Peruanos en el Perú y el Extranjero es una comunidad virtual en Facebook, que busca fortalecer lazos entre los jóvenes peruanos dedicados a la ciencia a nivel mundial. Si desea recibir un científico en sus aulas por favor póngase en contacto conmigo al mail meff_uni@yahoo.com.
Myra E. Flores
Entras en una cafetería, y el aroma a café es tan entrañable que dan ganas de ponerse a leer o de platicar sobre filosofía con el primero que se ponga a tiro. Incluso
Si aún no lo habéis probado, tenéis suerte. Pero si os cepilláis los dientes nada más levantaros y, a continuación, os servís un zumo de naranja, comprobaréis que sabe a rayos, a metal, y no a zumo de naranja. Una sensación que no se percibe con otra clase de alimentos. Así pues, ¿qué tiene de especial el zumo de naranja y la pasta dentífrica?
La respuesta rápida a la pregunta de por qué la comida del avión es tan sosa y anodina pudiera ser que es comida de baja calidad. O que en Primera Clase eso no pasa. Sin embargo, hay otros motivos que influyen en el sabor de la comida que ingerimos a 10.000 metros de altura.
A pesar de que Coca-Cola lo niega por activa, por pasiva y por perifrástica, muchos de nosotros notamos que la Coca-Cola bebida en una botella de vidrio sabe diferente que la servida en una lata de aluminio. Pero ¿esta diferencia en el paladar es puramente psicológica o hay una diferencia química real?